Hay días en la vida en las que ciertos fenómenos astrológicos se ponen de acuerdo para que te vaya a mal, a todos nos ha pasado. Peor a veces ese mundo celeste y lejano se pone irónico también.
Llamemos al año nuevo “el día de los inocentes intergaláctico”, fecha para la que todos se preparan, plata en mano, para salir a vivir la noche de sus vidas… y súbitamente el universo entero confabula en tu contra para que todo ese planeamiento acabe en absolutamente nada. No lo nieguen, que yo sé de buena fuente que a un montón de grouponeros se les cayó el plan y tuvieron que ingeniárselas a lo McGyver para para poder pasar un año nuevo como se debe. Claro está, no todos sobrevivieron al embate del destino.
Un grupo de amigos y yo nos íbamos a una playa en el sur, a la casa de una amiga. El plan, la comida y hasta el papel higiénico de emergencia estaba guardado prolijamente en la mochila viajera (esa con mil bolsillos y que te hace ver como turista de Tangamandapio).
Además había ido al Jockey Plaza a comprarme con dos Groupones de 50% -costaron S/.50, valían por S/.100- de la tienda Element (que es ropa que me hace sentir más chibolo) polos para ir con ropa nueva y parecer una persona decente. Ahora era cuestión de esperar al grupo para irnos.
Pero no llegó el grupo
Ni siquiera la dueña de la casa de playa contestó el teléfono
Mi paciencia es mundialmente conocida por inexistente, y esta vez no fue la excepción: pateé el tablero y me sumí en un profundo abatimiento pensando “¿qué haré? son las 10 de la noche y estoy cambiado y con la mochila hecha, sentado al borde de la cama”. Cuando llegó un mail de mi amiga Pati, avisándome que a ella y a su novio le había pasado lo mismo y que buen momento era para mirar al cielo y decir “¡MIRÁ DE QUIÉN TE BURLASTE VOS, DESTINO!” vinos en mano.
Así que, con polo nuevo (y zapatillas nuevas, que aproveché para comprarme ya que estaba en el Jockey esa tarde) salí hacia Patagonia. Recibimos juntos el año nuevo y, pasada las doce, fueron llegando desde sendos éxodos varios amigos, para terminar haciendo un grupo genial y bailar en una discoteca inenarrable el resto de la noche, dando vergüenza con nuestros trencitos de año nuevo, y bailando sanguchito (ya algunos grouponeros por allí saben la historia de eso).
Pero eso fue. Sin querer queriendo me preparé, incluso con mi Groupon, para pasar la noche de mi vida que al final no sucedió, pero en vez de eso terminé pasando una mucho mejor noche, con gente que quiero mucho, y que ojalá marque mi año para bien. ¡En este blog de Groupon todas las historias terminan con final feliz!




Deja un comentario